Puerto Vallarta es un sitio con un encanto muy especial, el cual, con el pasar de los años, se ha convertido en una interesante amalgama entre elementos tradicionales, de un típico pueblo mexicano, hasta espacios modernos, dignos de una ciudad de primer mundo.
Estos elementos se plasman de manera contundente en su arquitectura. Basta con visitar el centro de la ciudad para darnos cuenta de que en realidad jamás ha perdido ese toque de pueblo tradicional. Calles empedradas en cuyas orillas se levantan viejas casonas, construidas con adobe y adornadas con tejados rojos, características de la arquitectura serrana, le brindan un aire provinciano bastante especial. Entre esas calles, angostas algunas de ellas, encontramos al templo principal: la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, uno de los edificios más emblemáticos de la localidad, cuya nave principal es de estilo neoclásico, mientras sus torres evocan al arte renacentista.
Subiendo por las colinas del centro, justo a espaldas del templo, se llega al Gringo Gulch, una pintoresca zona residencial en la que se localiza el Puente del Amor, célebre por ser el punto de unión entre las casas de Elizabeth Taylor y Richard Burton en los años 60. Desde este lugar, además, se obtienen magníficas vistas de la Bahía de Banderas.
Al otro lado del Río Cuale se localiza el Viejo Vallarta, también conocido como Zona Romántica, un lugar en el que aún se respira el aire de antaño, con construcciones dignas de un pueblo mexicano.
Como nada escapa a la modernidad, en Puerto Vallarta también es posible encontrar elementos arquitectónicos más actuales, tales como el Muelle de Los Muertos y el Malecón. Este último presenta una propuesta que ha regresado el sitio a su propietario original: el peatón. Algunas edificaciones recientes en la zona del Viejo Vallarta también han abierto el paso a la modernidad.
